Descolonización de África
El primer contacto intervencionista europeo en África era porque estos basaban
su economía como navegantes y comerciantes que
bordeaban el continente para llegar hasta las Indias Orientales. Entonces, el
continente era solo un lugar de paso donde descansar del largo viaje. Sin
embargo, con el estallido de la Revolución
Industrial entre los siglos XVIII y XIX, las potencias europeas
buscaban nuevos territorios para expandir
sus dominios y explotar sus materiales: así fue cómo surgieron en
algunos casos, y en otros se consolidaron las colonias en África. Los países europeos no solo se beneficiaron de la riqueza natural y los
materiales, sino que impusieron su control sobre la población autóctona,
que en muchos casos fueron convertidos en esclavos. La colonización de África se alargó durante siglos,
hasta que los diferentes países
africanos lograron su independencia
a lo largo del siglo XX.
Como cita Muñoz (2011), el término de
“descolonización”, “podría afirmarse que
como tal se entiende el acceso a la independencia por parte de los pueblos que
están bajo régimen colonial, el proceso mediante el cual estos consiguen la
independencia respecto a sus dominadores coloniales; es decir, el proceso
mediante el cual se pone fin jurídica y políticamente al colonialismo y, por
otra, se forman Estados independientes y soberanos.”
La descolonización de África se convirtió en un proceso
extremadamente violento, siendo
una de las principales razones que la delimitación colonial no tomó en cuenta
la conformación sociocultural africana. Al respecto, las fronteras habían
separado a una etnia en dos o más estados, o por el contrario, habían unido
bajo un mismo territorio a tribus que no tenían una buena relación. Así, una
vez terminada la Segunda Guerra Mundial y durante el marco de la
Guerra Fría, los países
colonizadores decidieron empezar a entregar los territorios tomados
arbitrariamente.
Además de la
debilidad europea a mediados del siglo XX, desde el inicio del dominio colonial existieron numerosas resistencias construyéndose un sentimiento
antioccidental en las colonias que fortaleció un cuerpo teórico que desembocaría en los
nacionalismos, entre los cuales dos destacarían en África: el “islamismo” y la “Negritud”. El
primero, originado en Turquía, se definiría como una acción contra occidente
desde la comunidad religiosa islámica y tuvo como fin crear un panarabismo cuyos pilares serían la
solidaridad y la fraternidad. Buena parte del Norte de África intentó unificarse desde esta
posición, el segundo fue un movimiento que nació en América, con los
descendientes de la esclavitud. Como menciona Muñoz (2011), “en 1945, con el
V Congreso Panafricano celebrado en Manchester, los líderes intelectuales africanos
se integrarían a este movimiento ya claramente anticolonial y antioccidental”.
Todo el
proceso duró décadas
para materializarse, debido a los
conflictos internos que se generaron. Sin embargo, la principal causa que
produjo esta decisión fue sin duda alguna la social, ya que los
pueblos aspiraban a la conformación de naciones libres. Entre otras razones, estuvieron el fuerte resentimiento popular contra el racismo de los europeos, el
nacimiento de movimientos independentistas y el gran costo que significaba para
los potencias atender a sus distantes colonias.
Con respecto
a todo esto, los líderes de la cultura de África como Jomo
Kenyatta (Kenia), Nkrumah (Costa de Oro), Senghor (Senegal)
y Houphouët-Boigny, se dieron cuenta que habían sido fundamentales
para que los aliados ganaran la Segunda Guerra Mundial, ayudando a combatir a un enemigo desconocido bajo
una promesa de obtener su independencia. Partiendo del hecho que Liberia y Etiopía eran las únicas naciones libres antes
del proceso colonización, Egipto logró su liberación durante la misma, mientras, que
Sudáfrica consiguió una emancipación limitada, y Etiopía cayó bajo el dominio
de los italianos.
En este
sentido, uno de los primeros países en independizarse durante la descolonización de África fue Libia, seguido de Marruecos, Túnez, Sudán, Ghana y Guinea, durante
1950 y 1959. Un año más tarde, se
produjo una vasta independencia de las naciones que componen la
franja ecuatorial del continente, como Sudán, Somalia, Camerún, Nigeria, Costa de
Marfil, Mauritania, Senegal, Congo y Gabón, entre otras.
Posteriormente, entre 1961 y 1969, se destacó la cruenta guerra de
Argelia contra Francia para lograr su emancipación, por otro lado, Suráfrica obtuvo su libertad definitiva, e
igualmente, muchas naciones del sureste;
aunque en este caso el hecho de la consumación de la libertad no les garantizo
una autonomía efectiva, pues esta nación continuo bajo una intervención
diplomática que tuvo su máxima expresión en una segregación sobre la raza negra
que ocupaba el 90% de la población llamada “apartheid”, a lo cual surgió la
figura de Nelson Mandela, quien empezó a promover acciones como boicots,
huelgas, desobediencia civil y no cooperación basadas en los
conceptos de Mahatma Gandhi en India, que se convirtieron en
políticas oficiales del Congreso Nacional Africano. (ANC, sus siglas en inglés)
y parte de su Programa de Acción; a pesar de que estuvo
preso por estas acciones durante 27 años, al salir de prisión continuo con su
lucha logrando ser el presidente de su país y terminar con el “apartheid”,
convirtiéndose no solo en un líder de su país, sino en una figura mundial.
Luego, a
partir de 1970 y
hasta el 2010, se produjeron
el resto de las liberaciones,
siendo la última la de Sudán del Sur.
Referencias Bibliográficas
Muñoz, F. J., “La descolonización de
Asia y África. El movimiento de los países no alineados” (Sección Temario de
oposiciones de Geografía e Historia), Clío 37, 2011. Disponible en http://clio.rediris.es.
Pp. 1-16




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